La diversidad de cartón: cuando el PowerPoint es más inclusivo que la oficina

Hay un fenómeno fascinante en el ecosistema empresarial: la diversidad de cartón. Esa que vive en las slides de PowerPoint, en campañas de LinkedIn con fotos de banco de imágenes y en notas de prensa llenas de palabrería inclusiva. Todo un carnaval corporativo donde la pose es más importante que la realidad.

En el día a día, esas mismas compañías que se ponen medallas por su compromiso con la inclusión siguen funcionando como siempre: consejos de dirección monocromáticos, promociones reservadas al amiguismo y comités de igualdad que no deciden ni el sabor del catering. Pero oye, que la web corporativa tiene una pestaña llamada “Diversidad y Talento”, así que todo en orden.

La cosa suele ir así:

 

  • Se lanza un programa con un nombre rimbombante, tipo Diversity First 360.

  • Se organiza una foto oficial con un par de becarios estratégicamente colocados.

  • Se contrata una consultora que cobra un riñón por un PDF lleno de colores y frases vacías.

  • Y se da por hecho que con eso ya somos los Dalái Lamas de la inclusión.

 

El resultado es un teatrillo que no cambia nada. Porque la diversidad de cartón no es diversidad: es postureo con recursos humanos. Es el perejil mustio que adorna el plato grasiento del menú del día. Sirve para la foto, pero no alimenta a nadie.

Y mientras tanto, ¿qué pasa dentro de la oficina? Pues que la persona que levanta la voz sigue siendo incómoda. Que quien no encaja en el molde recibe la sonrisa condescendiente pero nunca la promoción. Que se habla de “romper techos de cristal” en eventos con copas de vino blanco, pero nadie toca los cimientos podridos de una jerarquía que siempre favorece a los mismos.

Lo mejor es cuando las empresas hablan de “celebrar las diferencias”. Sí, claro, siempre que esas diferencias no cuestionen al jefe ni al sistema. Celebrar la diversidad… mientras sea decorativa, dócil y perfectamente encajable en un vídeo de dos minutos con música épica de fondo.

La verdadera diversidad incomoda. Genera debate. Desafía el status quo. Y ahí está el problema: demasiados directivos prefieren un PowerPoint bonito a un equipo realmente diverso que les lleve la contraria. Porque eso sí que da miedo.

Pero tranquilo, que para tapar el vacío, siempre habrá un hashtag corporativo y una foto sonriente de un equipo “diverso” en LinkedIn. Diversidad de cartón, sí. Realidad de mármol gris, también.

 

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