La automatización como excusa para despedir
De repente, tu empresa “innova”. En la intranet sale un comunicado con gifs animados de robots simpáticos y frases tipo “la tecnología es nuestra aliada”. Traducción: mañana el de recursos humanos te llamará para “tomar un café” y salir con una caja de cartón llena de tus miserias.
La automatización no siempre es progreso: a veces es la coartada perfecta. ¿Por qué molestarse en mejorar condiciones laborales, en formar equipos, en apostar por el talento humano, cuando puedes comprar un software, soltar un discurso de “adaptarse o morir” y largar a media plantilla? Así, el Excel sonríe, los directivos se reparten bonus y LinkedIn se llena de posts inspiracionales sobre el “futuro del trabajo”.
La trampa es obvia: nos venden que la IA viene a quitarnos tareas repetitivas, esas que nos aburren. Pero la realidad es que la máquina se queda tu silla, tu nómina y hasta tu planta de la oficina. La narrativa es tan grotesca que a veces parece un sketch: “Chicos, hoy despedimos a 200, pero tranquilos, mañana tendremos un webinar sobre cómo reinventarte en la era digital”.
Los ejemplos sobran. Bancos que echan cajeros para que hagas tú mismo la operación en un terminal que falla. Medios de comunicación que sustituyen periodistas por un algoritmo que redacta notas de prensa insípidas. Startups que venden el despido masivo como un acto de “eficiencia exponencial”. Y siempre el mismo patrón: menos sueldos, más dividendos.
Al final, la automatización se convierte en un becario eterno: no protesta, no pide vacaciones, no se enferma y, por supuesto, no cobra. Pero lo curioso es que muchos de esos sistemas necesitan humanos detrás, vigilando que no la líen. ¿Y quién paga el pato? Los que están en la primera fila, que pasan de ser trabajadores estables a “freelancers disponibles” que, oh sorpresa, acaban facturando menos que el robot.
La paradoja máxima: en nombre de la innovación, precarizan el presente. El futuro ya está aquí, sí, pero solo para el que tiene acciones en la empresa. El resto, a reinventarse entre cursos de LinkedIn Learning y ofertas de freelance a 5 euros la hora.
La automatización no es el problema. El problema es que se use como disfraz para encubrir despidos, maximizar dividendos y dejar el mercado laboral más roto que el servidor de un e-commerce en Black Friday. Y mientras tanto, CEOs brindando por “la eficiencia” mientras alguien apaga la luz de su último día en la oficina.
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