“Esto viene de arriba”: la frase que mata cualquier responsabilidad
Hay frases que no informan.
Absuelven.
“Esto viene de arriba” es una de ellas. Quizá la más perfecta. Una frase breve, redonda, imposible de discutir y diseñada para cumplir una función muy concreta: que nadie sea responsable de nada.
La he oído en reuniones grandes y pequeñas. En pasillos. En correos. En conversaciones incómodas que terminan justo cuando aparece. Es la frase comodín del liderazgo diluido. La frontera exacta entre decidir y esconderse.
—No es cosa mía, esto viene de arriba.
Y ya está.
Fin del debate.
Fin de las preguntas.
Fin del pensamiento crítico.
La decisión absurda
Siempre empieza igual.
Una decisión extraña, incoherente o directamente perjudicial para el trabajo diario. Un cambio de proceso que nadie entiende. Una prioridad que contradice la anterior. Un giro brusco que invalida meses de trabajo.
Alguien, con toda la lógica del mundo, pregunta:
—¿Por qué hacemos esto?
La respuesta no llega con argumentos.
Llega con jerarquía.
—Esto viene de arriba.
No se explica.
No se justifica.
No se contextualiza.
Se invoca.
Como si “arriba” fuera una entidad mística, un lugar abstracto donde las decisiones se toman solas y bajan por gravedad hasta impactar en la trinchera.
El misterio de “arriba”
Lo curioso es que “arriba” nunca está del todo claro.
Si preguntas un poco más, descubres cosas fascinantes:
“Arriba” no ha hablado con el equipo.
“Arriba” no conoce el impacto real.
“Arriba” ha tomado la decisión con datos parciales o directamente erróneos.
A veces, “arriba” ni siquiera ha decidido eso exactamente.
Pero da igual.
Porque una vez pronunciada la frase, nadie revisa nada.
El mando intermedio se protege.
El directivo se desentiende.
Y el trabajador ejecuta.
La jerarquía se convierte en un escudo moral:
yo no decido, yo solo transmito.
El liderazgo que se evapora
Aquí es donde el liderazgo muere, pero sin funeral.
Porque liderar no es pasar órdenes.
Es asumirlas.
Un líder explica.
Da contexto.
Escucha objeciones.
Traduce la estrategia a realidad.
El gestor que dice “esto viene de arriba” no lidera.
Hace de mensajero blindado.
No se moja.
No cuestiona.
No filtra.
No protege al equipo.
Y lo peor: no aprende.
Porque cuando algo sale mal, la culpa también “viene de arriba”.
Y cuando sale bien… curiosamente, sí hay nombres.
El daño invisible
El problema no es una decisión absurda.
Las empresas pueden equivocarse.
El problema es el mensaje que se transmite cada vez que se usa esa frase:
Tu criterio no importa.
Tu experiencia no cuenta.
No merece la pena pensar demasiado.
Ejecuta y calla.
Y eso, con el tiempo, hace algo muy concreto:
apaga a la gente válida.
Porque nadie con dos neuronas quiere trabajar en un sitio donde pensar es opcional y cuestionar es molesto.
La gran mentira
La frase “esto viene de arriba” pretende parecer neutral.
No lo es.
Es una forma de renunciar a la responsabilidad mientras se conserva el poder.
De mantener el cargo sin asumir el peso.
De estar en medio sin estar en ningún lado.
Y lo más irónico es que “arriba” casi nunca está tan arriba.
Suele estar a dos correos de distancia.
A una reunión mal planteada.
A una decisión tomada deprisa para salir del paso.
Pero mientras nadie lo diga en voz alta, la frase seguirá funcionando.
Porque en muchas empresas no falta estrategia.
Falta valentía.
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