El misterio del talento perdido: cuando Recursos Humanos descarta antes de leer

Cada vez que escucho a alguien de Recursos Humanos decir que “no encuentran talento”, me pregunto si estamos hablando del mismo planeta. Porque mientras ellos lamentan la desertificación laboral, yo veo bandejas de entrada llenas, perfiles potentes en cola y gente dispuesta a trabajar… pero que nunca pasa del primer filtro.

Y es que el filtro, amigo mío, es el verdadero villano de esta historia. Ese filtro silencioso que descarta CV con la misma rapidez con la que un antivirus elimina archivos sospechosos. Solo que aquí lo “sospechoso” suele ser cualquier cosa que no cuadre con un Excel misterioso que alguien diseñó hace cinco años y nadie se atreve a cuestionar.

 

Si tienes demasiados años de experiencia, eres sospechoso de ser caro, difícil o —mi favorita— “poco adaptable”. Si tienes pocos, eres joven para el puesto, y si tienes exactamente los que piden… algo falla. Siempre falla. A veces es el tono del CV, a veces la foto, a veces que no usaste la palabra mágica en la primera línea. Otras veces simplemente no les dio tiempo a leerlo, pero claro, eso no queda bonito decirlo.

 

Mientras tanto, se publican ofertas donde se buscan profesionales que, sinceramente, no existen ni en las novelas de fantasía: alguien que programe en Python, diseñe en Figma, gestione equipos, domine inglés C2, tenga máster, tres certificaciones, disponibilidad inmediata, resiliencia emocional, visión estratégica y, ya que estamos, carisma de presentador de prime time. Todo por un salario que apenas cubriría el alquiler de un trastero pequeño en la ciudad.

 

Y, aun así, después del aquelarre de requisitos imposibles, aparece el lamento: “El mercado está fatal. No hay candidatos válidos”.

Claro. El mercado. Nunca el proceso. Nunca el criterio. Nunca la empresa.

 

El talento está ahí, intentando abrirse paso en un laberinto que nadie mantiene, que nadie revisa y que muchos defienden como si fuera un dogma. Los candidatos se forman, se reciclan, se adaptan, estudian de madrugada, actualizan CV, portafolios, cursos y hasta su autoestima para encajar en una rendija cada vez más estrecha. Pero si tú buscas unicornios con salario de poney, solo encontrarás frustración. Y, por supuesto, informes justificativos muy bien redactados.

 

A veces pienso que el mayor problema no es la falta de talento, sino la falta de mirar con honestidad el propio proceso. Porque cuando uno busca oro con un detector apagado, lo normal es no encontrar nada. Y aun así, culpar a la mina.

 

Pero tranquilos: seguirán repitiendo que “la gente no quiere trabajar”, mientras descartan en masa a quienes sí quieren… pero no han acertado la palabra clave del ATS ese día. Cosas del radar. O de quien lo sostiene.

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