El espejismo del propósito corporativo

En cada keynote, en cada web corporativa y hasta en los correos de bienvenida, hay una frase que se repite como mantra: “Estamos aquí para cambiar el mundo”.

Y tú, en tu primer día, casi te lo crees. Porque la narrativa está bien pulida, los vídeos institucionales son de lágrima fácil y el CEO habla con ese tono mesiánico que haría palidecer a un telepredicador.

El problema es que el “propósito” dura lo mismo que el desayuno gratis en la oficina. En cuanto te sientas en tu mesa, descubres que el verdadero cambio que impulsa la empresa es… cambiar el tóner de la impresora cuando lleva tres semanas pidiendo auxilio. Y a veces, ni eso.

Mientras la web proclama que “transforman vidas”, tú te peleas con un Excel que se cuelga a diario. Mientras declaran que “revolucionan el sector”, descubres que el sector los ignora con la misma intensidad con la que ignoran la fuga de talento interno.

El espejismo del propósito corporativo es brillante porque juega con una necesidad muy humana: querer formar parte de algo más grande. Nadie quiere pensar que se pasa ocho horas al día generando informes que nadie lee. Así que nos venden la idea de que estamos en una cruzada épica.

¿Salvar el planeta? Sí, claro. Pero primero, genera este PowerPoint con 80 diapositivas para la reunión que nadie pedirá.

El propósito se convierte en esa capa de barniz que cubre todo:

 

  • La explotación se llama “compromiso con la misión”.

  • Los recortes de plantilla, “alineación estratégica con el futuro”.

  • El bonus del CEO, “reconocimiento al liderazgo transformador”.

 

Y mientras tanto, el trabajador de a pie, el que sí cambia el mundo (a fuerza de currar), se pregunta:

“¿De verdad estoy aquí para algo más que alimentar egos y presentaciones?”.

El espejismo funciona hasta que te das cuenta de que la única transformación real está en tu salud mental, que se desgasta al ritmo de sus discursos vacíos. Y entonces llega la revelación: la empresa no quiere cambiar el mundo. Quiere cambiar tu percepción de la explotación para que sonría en LinkedIn.

 

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Un libro para reírnos (y cabrearnos) con estas farsas corporativas y, de paso, desenmascarar tanto humo.

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