💼 El día que Recursos Humanos confundió empatía con Excel

Todo empezó con un correo de esos que huelen a trampa disfrazada de “iniciativa positiva”.

Asunto: “Sesión de bienestar emocional — Obligatoria para todos los empleados”.

Porque ya sabes: si la empresa tiene que obligarte a ser feliz, algo va mal desde el principio.

El mensaje venía con emojis, gifs de personas abrazándose y la promesa de “reconectar con nuestro propósito común”. No sabíamos cuál era ese propósito —probablemente seguir facturando—, pero todos fingimos entusiasmo porque la asistencia era “voluntaria y de obligada participación”.

A las 10:00, puntual como una auditoría, apareció el departamento de Recursos Humanos con su arsenal de sonrisas de catálogo. La responsable traía un PowerPoint titulado “La empatía como valor corporativo” y una taza que decía “People First”. Nada más sincero que beber café en una taza que te recuerda a quién hay que poner primero mientras despides al becario.

Durante una hora, nos explicaron cómo debíamos “escucharnos más”, “potenciar el compañerismo” y “cuidar nuestra energía colectiva”. Todo medido con gráficos, porcentajes y KPI emocionales que ni el Dalai Lama entendería.

Nos pidieron que midiéramos nuestro nivel de bienestar del 1 al 10… en una hoja de cálculo compartida.

Sí, la empatía pasó oficialmente a ser un dato.

Uno a uno, fuimos rellenando celdas como si estuviéramos entregando el alma al sistema. “Yo me siento un 7, porque estoy aprendiendo a ser más positivo”, dijo alguien. “Yo un 9, porque amo mi trabajo”, añadió otro, sabiendo perfectamente que RRHH tenía la hoja abierta en tiempo real.

El problema no era el Excel —aunque también—, sino la idea de que la empatía se pueda medir. Que una emoción sincera pueda convertirse en un informe trimestral con gráficos de colores.

Porque cuando las empresas no entienden la humanidad, intentan gestionarla como si fuera un inventario.

Y claro, al final llegó el golpe de gracia: la “acción correctiva”. Resulta que quienes habían puesto menos de un 6 debían asistir a un “taller de mejora emocional” impartido por la misma persona que, dos semanas antes, había firmado tres despidos “por optimización de costes”.

Pura poesía corporativa.

La sesión terminó con un aplauso tímido, el clásico “gracias a todos por participar” y una encuesta final que preguntaba: “¿Te sientes más conectado con la empresa después de esta experiencia?”.

Spoiler: el archivo se llamaba bienestar_rrhh_v4_final_definitivo_real_ahora_sí.xlsx.

Volvimos a nuestros puestos con la misma sensación que deja una reunión vacía: la de haber perdido una hora de vida en nombre de la motivación. Pero algo quedó claro: en esta empresa, la empatía no era un valor. Era un KPI. Y nosotros, simples filas en una tabla de Excel.

La próxima vez que me pidan medir mis emociones, pienso enviarles una fórmula:

=SI(empresa=hipócrita;»0″;»10″).

A ver si así entienden el lenguaje que de verdad manejan.

📚 Manual de Resistencia Corporativa

Disponible en Amazon 👉 https://amzn.eu/d/8sotr3P

Más resistencia en www.manualderesistenciacorporativa.es

Deja tu comentario