De los regalos de empresa y otras gabelas que agradecer

El Abogado del Diablo entra en la trinchera.

Hola, queridos lectores.

Vengo aquí, a este honorable campo de batalla llamado Manual de Resistencia Corporativa, porque he visto que muchos habéis despertado con preguntas sobre qué es legal y qué no lo es. Y porque, qué demonios, ya estoy harto de ver cómo las empresas mienten a diario o maquillan la realidad de la forma más burda posible: vendiendo la explotación como si fuera un privilegio divino por el que deberías dar las gracias.

Así que, desde hoy, compartiré dudas reales, casos que he vivido en mi carrera y cualquier otra cuestión que queráis plantear, para que veáis con claridad cómo os engañan descaradamente… y cómo se aprovechan de ello.

Hace un tiempo me llegó un cliente con varias dudas sobre su empresa.

La compañía era una de esas startups que presumen de modernidad pero esconden más mierda dentro que un silo de aguas fecales. Entre otras joyas, tenían empleados cobrando por debajo de su categoría “porque hay que entender que fuera hace frío y somos una familia”, ni rastro de comité de empresa —aunque aquello parecía una legión romana hacinada— y un sinfín de irregularidades más.

Eso sí, decían compensar todo eso regalando el día del cumpleaños libre y una tarjeta de Amazon. A cambio, los empleados debían celebrar todos los cumpleaños a la vez, con tentempié incluido, y entonar himnos de gratitud hacia el líder supremo.

Podría escribir un libro sobre ello, pero la duda que me trajo el cliente fue esta:

             “Nuestro jefe se enfadó el otro día y nos ha quitado el regalo, el día libre y el tentempié. ¿Puede hacerlo?”

Ya hay que ser cutre, pensé. Pero intenté seguir la lógica del empresario iluminado que se cree magnánimo por regalar un día libre y una tarjeta de 30 euros a cambio de 360 días de abuso, silencio y servilismo. Y entendí la duda.

Pero la respuesta es sencilla: no, no puede hacerlo.

Ese día libre y ese regalo (por miserable que sea) constituyen una mejora consolidada de las condiciones laborales, aunque no estén escritas en el contrato. Como ocurre con la cesta de Navidad del Corte Inglés, el Tribunal Supremo ya lo dejó claro en la STS-SOC nº 203/2019, de 2 de marzo, una sentencia maravillosa para enmarcar.

Además, con un 99,99% de seguridad, el empresario ni lo declara como salario en especie —ahorrándose impuestos y cotizaciones—, pero eso no cambia nada: no puede eliminarlo porque sí, y menos si se ha mantenido en el tiempo o se aplica a toda la plantilla.

Existe un procedimiento concreto para hacerlo: se llama modificación sustancial de las condiciones de trabajo (art. 41 del Estatuto de los Trabajadores, mi biblia satánica particular).

Debe justificarse por causas económicas, técnicas u organizativas, igual que un despido, y exige una carta, un preaviso de 20 días y la posibilidad de que el trabajador solicite la extinción del contrato con indemnización.

Mi cliente, perplejo, me preguntó:

              “¿Todo eso para quitarnos un regalo de mierda y una tortilla de la esquina?”

Tuve que respirar hondo y responderle:

              “No, todo eso para ir quitándote poco a poco la dignidad, el derecho a reclamar, y que acabes creyendo que todo —incluso tu sueldo por 40 horas de miseria— es un regalo del jefe.”

De los chats de grupo empresariales o como el linchamiento público nunca dejó de estar de moda. 

Otra de las consultas que más me llegan desde las trincheras es sobre los famosos chats de empresa y de los límites de lo que te pueden o no decir en los mismos, o incluso si me pueden exigir algo en mis días libres. 

Bien, pues ante esta duda siempre hay que empezar de la misma manera ¿Cuántas horas te pagan? ¿40?, pues en la 40 y un minuto los mandas a la mierda, estés donde estés.

🧨 Si tu jefe cree que la ley está de su parte, mándale este enlace:

www.manualderesistenciacorporativa.es

Y de paso, léete Manual de Resistencia Corporativa en Amazon.

Te hará más libre (o al menos, más peligroso).

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