Cuando la empresa confunde comunicar con hacer ruido
La comunicación interna es ese departamento que cree que el mayor problema de la empresa es que no lees sus emails, cuando en realidad el problema es que los emails no dicen absolutamente nada.
Todo empieza con un mensaje que llega a tu inbox a las 9:01.
Asunto: “¡Novedades importantes del trimestre!”
Y tú, ingenuo, lo abres pensando que, por una vez, van a comunicar algo útil.
Error.
El correo empieza con un párrafo que parece redactado por ChatGPT con resaca:
“En línea con nuestro compromiso por potenciar la transversalidad de los procesos, seguimos avanzando hacia un modelo colaborativo donde el talento fluye…”
Y tú te preguntas:
¿Qué coño significa “transversalidad del talento”? ¿Es contagioso? ¿Se lava a 30º?
La comunicación interna es el único departamento capaz de enviar un correo de mil palabras sin incluir una sola información práctica.
No hay fechas.
No hay responsables.
No hay instrucciones claras.
Solo un montón de frases motivacionales combinadas al azar, como galletas de la fortuna en PowerPoint.
Luego están las videollamadas informativas.
Reuniones de 45 minutos para decir lo mismo que el correo… pero más lento.
Te ponen una presentación con gráficos que no cuadran, frases que no significan nada y bullets que podrían haber escrito en latín sin afectar al contenido.
—Estamos en un momento clave.
—Este año apostamos por la comunicación.
—Queremos escucharte.
Después se desconectan sin escucharte.
Magia.
El summum llega cuando inventan un nuevo canal “para mejorar la comunicación interna”.
Porque, claro, con email, Teams, Slack, intranet, newsletter, WhatsApp del jefe y carteles en los baños todavía faltaba algo.
Así que crean una app corporativa —con claves distintas para cada módulo, por supuesto— donde puedes ver las mismas comunicaciones que ya te han enviado por cinco sitios diferentes.
Y si preguntas algo (lo que sea), te responden con su frase preferida:
“Esa información la encontrarás en los canales oficiales.”
Claro que sí.
En perfecto Klingon corporativo y enterrada entre un banner de “Bienestar 360º” y una encuesta de satisfacción que nadie contestará.
Porque la verdad es esta:
La comunicación interna no comunica. Decora.
Es el papel pintado del edificio empresarial: bonito de lejos, inútil de cerca.
Una vez recibí tres comunicaciones distintas para anunciar un cambio en el sistema de fichajes.
Tres.
La primera decía que había que fichar desde la nueva app.
La segunda, que la app estaba en mantenimiento.
La tercera, que el fichaje volvería a ser manual “hasta nuevo aviso”.
Todo en menos de 24 horas.
Mi conclusión: la empresa tampoco sabía qué estaba pasando.
En realidad, la comunicación interna tiene un objetivo claro:
que parezca que está todo controlado cuando nadie tiene ni idea.
Y por eso sus mensajes nunca concretan nada.
Porque concretar implica responsabilizarse.
Y responsabilizarse implica trabajo.
Y ahí ya se complica la cosa.
Así que seguiremos recibiendo correos épicos, newsletters vacías y videos motivacionales grabados con entusiasmo y sin contenido.
Porque así es la (In)Comunicación Interna:
mucho ruido, pocas nueces y un montón de frases que no llevan a ninguna parte… salvo a tu carpeta de spam.
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