Cuando la empresa anuncia cambios importantes con un lenguaje que no significa nada
Hay correos que no informan.
Preparan el terreno.
Suelen llegar a primera hora de la mañana o justo antes de terminar la jornada, cuando ya no tienes energía para procesarlos del todo. El asunto es siempre tranquilizador, casi amable:
“Nueva etapa”
“Mensaje importante de Dirección”
“Seguimos avanzando juntos”
Abres el correo. Respiras. Y empiezas a leer.
“En el marco de nuestro proceso de transformación y alineamiento estratégico, iniciamos una nueva etapa basada en la transversalidad, la optimización de recursos y la mejora continua.”
Y ya está.
No sabes qué ha pasado.
No sabes qué va a pasar.
Pero sabes que algo ha pasado.
El lenguaje que no dice nada (pero avisa de todo)
No hay fechas.
No hay nombres.
No hay decisiones concretas.
Solo palabras blandas, redondeadas, pulidas por alguien que sabe escribir mucho sin comprometerse a nada.
Transversalidad.
Alineamiento.
Nueva etapa.
Optimización.
Sinergias.
Son palabras que no explican, amortiguan.
No informan, sedan.
Y, aun así, provocan el efecto contrario: inquietud.
Porque cuando una empresa tiene buenas noticias, las cuenta claras.
Cuando las noticias son malas… las envuelve.
La lectura entre líneas
Empiezas a hacer lo que todos hacemos:
leer lo que no está escrito.
Si hablan de optimización, alguien sobra.
Si hablan de alineamiento, alguien no lo estaba.
Si hablan de transversalidad, alguien va a hacer el trabajo de otro.
Y cuando dicen “no os preocupéis”, es cuando más deberías hacerlo.
No lo dicen abiertamente, pero lo notas en el ambiente. En los pasillos. En los silencios incómodos. En las miradas que duran un segundo más de la cuenta. En las reuniones que se cancelan “hasta nuevo aviso”.
El comunicado no aclara nada, pero abre todas las hipótesis.
La falsa calma
Siempre hay un párrafo tranquilizador:
“Queremos transmitiros un mensaje de confianza y estabilidad.”
Ese párrafo existe únicamente porque no hay estabilidad.
Es como cuando alguien empieza una frase diciendo “no quiero preocuparte, pero…”.
Ya te ha preocupado.
El problema no es que haya cambios.
Las empresas cambian.
Los mercados cambian.
La vida cambia.
El problema es cómo se comunica el cambio:
como si el trabajador fuera un niño al que hay que entretener mientras se reorganiza el salón… sin decirle que están tirando paredes.
El silencio posterior
Después del comunicado, no hay espacio para preguntas.
No hay reunión aclaratoria.
No hay nadie que dé la cara.
El mensaje baja desde arriba, se pega en la intranet, se reenvía por Teams y se da por comunicado.
Y si preguntas, la respuesta es siempre la misma:
—De momento no hay más información.
De momento.
Esa expresión maravillosa que significa “cuando la haya, quizá ya sea tarde”.
El miedo real
Cuanto menos dicen, más miedo generan.
Porque la incertidumbre no viene de los cambios, sino del vacío.
El trabajador no necesita discursos motivacionales.
Necesita saber a qué atenerse.
Necesita contexto.
Necesita palabras que signifiquen algo.
Pero la (in)comunicación interna prefiere el humo.
Porque el humo no compromete.
Y mientras no te comprometes, no te pueden exigir responsabilidades.
Así que el correo se archiva.
El día sigue.
Pero algo se queda flotando.
No sabes qué va a pasar…
pero sabes que no te lo van a contar hasta que ya esté decidido.
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