Cómo el PowerPoint está destruyendo tu cerebro… y tu empresa
Si la estrategia fuera un edificio, para muchos directivos el PowerPoint es el decorado de cartón piedra: brillante, enorme… y absolutamente vacío por dentro. Cuando no hay visión, aparecen diapositivas. Cuando no hay liderazgo, surgen gráficos en 3D que giran más que las cabezas de los pobres mortales en la reunión.
El PowerPoint es su opio: les calma, les excita y, sobre todo, les hace sentir productivos mientras el mundo real se desmorona a su alrededor. Nada dice “soy indispensable” como un slide con animaciones que harían llorar a Pixar y con diagramas de torta que nadie sabe leer, pero todos aplauden con cara de póker.
Mientras ellos juegan al Tetris corporativo, los problemas auténticos —decisiones estratégicas, innovación, coordinación— se quedan fuera, esperando en la cola de tareas olvidadas. Y ahí estás tú, viendo cómo un gráfico de barras en 3D consume más tiempo que un proyecto entero.
Y ni hablemos de las reuniones. Ese ritual sagrado donde veinte personas miran pantallas llenas de bullets infinitos, mientras alguien murmura “creo que necesitamos más KPIs”… y todos fingen entender qué es un KPI. Spoiler: nadie entiende nada, pero todos miran el reloj como si fueran zombies hipnotizados. 🧟♂️💼
Si alguna vez te has preguntado por qué tu semana se siente como un episodio de “Black Mirror: edición corporativa”, aquí tienes la respuesta: los directivos están drogados de PowerPoint. Y tú, colega, estás atrapado en la dosis de efectos especiales y transiciones absurdas.
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