La empresa que confunde autoridad con impunidad (y acaba perdiendo el juicio)
Hay empresas que creen que dirigir consiste en mandar.
Y otras que creen que mandar consiste en apretar.
El problema empieza cuando ese apretar deja de ser gestión y pasa a ser abuso de poder.
Porque entonces ya no estamos hablando de carácter, ni de estilo directivo, ni de “exigencia”.
Estamos hablando de derechos fundamentales.
Y eso, por mucho que a algunos les sorprenda, no es opinable.
El caso que se repite más de lo que debería
El patrón suele ser siempre el mismo.
Un trabajador empieza a resultar incómodo.
No porque haga mal su trabajo, sino porque:
pregunta demasiado
no agacha la cabeza
reclama lo que le corresponde
o simplemente no entra en el perfil sumiso que a alguien le gustaría
La empresa responde poco a poco:
llamadas al orden innecesarias
reproches públicos
sanciones cada vez más frecuentes
cambios de funciones sin sentido
un clima que se vuelve irrespirable
Todo bajo la excusa de la autoridad.
Hasta que llega el golpe final:
una sanción grave o un despido disciplinario que pretende cerrar el problema.
Ahí es donde muchas empresas se equivocan de lleno.
Lo que dice la justicia (y conviene leer despacio)
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en sentencia de 21 de julio de 2023 (rec. 2174/2023), analizó un caso exactamente así:
una empresa que, amparándose en su poder disciplinario, había sometido a una trabajadora a sanciones reiteradas, trato degradante y presión continuada, hasta desembocar en el despido.
La empresa defendía que solo estaba ejerciendo su autoridad.
El tribunal fue bastante más claro:
👉 No todo ejercicio del poder empresarial es legítimo.
👉 Cuando se usa para humillar, castigar o intimidar, deja de ser autoridad y se convierte en abuso.
El TSJ declaró el despido nulo por vulneración de derechos fundamentales, al considerar acreditado un comportamiento empresarial constitutivo de acoso y abuso de poder.
Resultado:
nulidad del despido
readmisión obligatoria
salarios de tramitación
indemnización adicional por daños morales
Todo por no entender que mandar no da derecho a pisar.
El error que cometen muchas empresas
El gran error es pensar que el poder disciplinario es ilimitado.
No lo es.
La ley permite sancionar conductas, no personas.
Permite corregir errores, no castigar disidencias.
Permite organizar el trabajo, no convertir el miedo en método.
Cuando las sanciones no buscan mejorar nada, sino desgastar;
cuando el trato deja de ser profesional y pasa a ser personal;
cuando se cruza la línea de la dignidad…
el juez ya no está valorando productividad,
está valorando derechos fundamentales.
Y ahí, la empresa suele perder.
El mensaje para quien lo está viviendo
Esto es importante decirlo claro, porque muchos trabajadores no lo saben:
👉 No tienes que aguantarlo todo.
👉 No todo vale porque “es el jefe”.
👉 La autoridad tiene límites legales.
Si las sanciones se acumulan sin causa real.
Si el trato es humillante.
Si el objetivo parece ser que te vayas.
Si trabajar se ha convertido en resistir…
no estás ante un problema de carácter.
Estás ante un posible abuso empresarial.
Y eso tiene consecuencias jurídicas.
Epílogo con toga
Las empresas que confunden autoridad con impunidad suelen descubrir la diferencia tarde.
Normalmente, cuando leen una sentencia con su nombre en el encabezado.
El Derecho del Trabajo no prohíbe dirigir.
Prohíbe abusar.
Y cuando alguien olvida eso, la ley hace exactamente lo que debe hacer:
ponerle un límite.
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