Innovar por innovar: cuando la empresa se aburre y decide inventar la rueda

En algún momento, a alguien en una empresa se le acaba el trabajo real.

No lo dice en voz alta, claro.

Lo intuye. Se aburre. Mira alrededor. Y entonces piensa:

—Tenemos que innovar.

No porque haya un problema.

No porque algo funcione mal.

Sino porque lleva demasiado tiempo funcionando igual.

Y eso, en el mundo corporativo, es intolerable.

La innovación (in)útil suele empezar con un correo grandilocuente:

“Lanzamos un proyecto de transformación para impulsar la innovación transversal.”

Nadie sabe qué significa, pero suena caro.

Y si suena caro, debe de ser bueno.

 

La reunión fundacional

 

Se convoca una reunión.

Siempre hay post-its. Siempre hay rotuladores. Siempre hay alguien que habla de “pensar fuera de la caja” sin saber muy bien dónde está la caja ni para qué sirve.

Se identifican “dolores”.

Se detectan “oportunidades”.

Se habla de “ecosistema”, “sinergias” y “disrupción”.

Nadie menciona el trabajo real.

Eso no es innovador.

 

El proyecto absurdo

 

La innovación (in)útil tiene patrones muy claros:

 

  • Antes hacías algo sencillo → ahora necesitas una plataforma.

  • Antes bastaba un correo → ahora hay un proceso de seis pasos.

  • Antes una persona decidía → ahora decide un comité… tras cuatro reuniones.

 

Todo se digitaliza, se gamifica o se “optimiza”, aunque ya funcionara perfectamente.

Se cambian nombres.

Se rediseñan flujos.

Se presenta un PowerPoint con gráficos que suben, aunque nadie sepa qué están midiendo.

Y cuando alguien pregunta:

—¿Esto qué mejora exactamente?

La respuesta es inmediata:

—La cultura.

La cultura, ese comodín maravilloso que lo justifica todo y no explica nada.

 

El verdadero objetivo

 

La innovación vacía no busca mejorar procesos.

Busca justificar departamentos.

Necesita proyectos para existir.

Necesita reuniones para sentirse útil.

Necesita entregables para demostrar que trabaja.

Que luego el trabajador tenga tres herramientas nuevas, cinco contraseñas más y el doble de tareas… eso ya se verá en la siguiente fase del proyecto.

Fase que, por supuesto, se llamará:

“Ajustes y aprendizajes”.

 

El resultado final

 

Tras meses de “innovación”, el balance suele ser este:

 

  • Más burocracia

  • Menos claridad

  • Más reuniones

  • Menos tiempo

  • Y exactamente el mismo trabajo de siempre

 

Eso sí, ahora se llama distinto.

Antes eras administrativo.

Ahora eres gestor de procesos.

Antes hacías llamadas.

Ahora “activas contactos”.

Antes trabajabas.

Ahora innovas.

 

La gran mentira

 

La innovación real suele ser sencilla, barata y poco vistosa.

Por eso casi nunca se aprueba.

No da premios.

No da charlas.

No da fotos con post-its.

Así que la empresa seguirá reinventando la rueda, cambiándole el nombre y celebrando que ahora es redonda… otra vez.

Porque en el fondo, innovar no va de mejorar.

Va de parecer moderno sin tocar nada importante.

📚 Manual de Resistencia Corporativa

Disponible en Amazon 👉 https://amzn.eu/d/8sotr3P

Más resistencia en 👉 www.manualderesistenciacorporativa.es.

Deja tu comentario