El culto al jefe salvador

Y se abrió el manual corporativo en la página primera, y el verbo del jefe se hizo PowerPoint. Dijo: “Yo soy el camino, la verdad y el KPI”, y los becarios aplaudieron con lágrimas en los ojos, convencidos de haber presenciado la iluminación divina. Así nace el culto al jefe salvador: esa versión low cost de profeta que ni convierte el agua en vino, ni multiplica panes, pero sí logra transformar cualquier reunión de diez minutos en un via crucis de tres horas.

En las empresas infestadas de esta religión, todo gira en torno a las revelaciones del gran iluminado. El jefe salvador se autoproclama elegido, gurú visionario, líder que “inspira” aunque no sepa ni mandar un correo sin adjuntar el archivo equivocado. Sus frases son parábolas huecas. Y mientras predica desde la tarima del auditorio con micrófono de diadema, los mortales siguen picando datos como esclavos egipcios levantando pirámides que jamás habitarán.

El jefe salvador necesita su liturgia. Las reuniones semanales son la misa obligatoria; los “one-to-one” son la confesión donde tú pecas de improductivo y él te absuelve con una sonrisa y un deadline imposible. Los emails nocturnos son epístolas sagradas que debes responder aunque sea domingo de madrugada. Y si algún hereje osa cuestionar su liderazgo, se le excomulga con un ERE disfrazado de “reestructuración estratégica”.

Lo más delirante es cómo este mesías corporativo se alimenta del sacrificio ajeno. Cada logro del equipo es un milagro suyo. Si el proyecto fracasa, la culpa es de tus pecados de mediocridad. Y si por casualidad sale bien, él resucita al tercer día en la portada de LinkedIn, predicando sobre liderazgo transformacional con hashtags tan ridículos como hashtagVisionario hashtagGameChanger hashtagHumildad.

Pero cuidado, porque el culto al jefe salvador no es inocuo: drena la moral, mata la creatividad y convierte la oficina en una secta donde aplaudir es más importante que pensar. Es el becerro de oro moderno al que se le sacrifican fines de semana, vacaciones y hasta la poca salud mental que quedaba.

Así que, hermanos y hermanas de la resistencia, cuando escuchéis las trompetas de la reunión de “alineamiento estratégico”, no os arrodilléis. Recordad: no es un profeta, es un gestor mediocre con delirios de grandeza. Y como todo falso mesías, terminará crucificado… aunque en su caso será con la excusa de “nuevos retos profesionales”.

📖 Y hasta aquí la parábola del día.


Si ya te cansaste de seguir falsos profetas en la oficina, pásate al evangelio de la resistencia. Nuestro libro ya está a la venta en Amazon 👉 https://amzn.eu/d/3ddSnoZ

O, si prefieres entrar por la puerta principal del templo, aquí está la web oficial: 👉 https://lnkd.in/d2ChtnpK

No promete milagros, pero sí carcajadas y una guía para sobrevivir en este circo.

Deja tu comentario