📚 Las pseudoeditoriales: el negocio perfecto… si eres tú el que paga

El mundo editorial tradicional tiene muchos problemas, pero ninguno tan ridículo como las pseudoeditoriales que han convertido el sueño de publicar en una máquina tragaperras. Antes, una editorial arriesgaba por un autor. Ahora, algunas han descubierto un modelo brillante: no arriesgar nada y cobrar por TODO. Una lectura previa. Un informe. Un dictamen. Una “valoración profesional”. Una “revisión”. Una “evaluación literaria”. Traducción: pagar por que te miren el manuscrito. Que lo acepten ya es otro milagro.

Si te piden dinero por “considerar” tu obra, no están midiendo tu talento: están midiéndote la tarjeta.

Y lo mejor es el envoltorio. Te hablan de “calidad”, de “selección estricta”, de “comité lector”, pero en realidad solo seleccionan a quienes tienen billetera. Porque, sorpresa: para estas empresas, nunca eres demasiado malo… mientras pagues lo suficiente. Si mañana reescribo El quijote en criptojeroglíficos, seguro que también me lo publican si incluyo un ingreso de 800 euros para “estudio de viabilidad”.

El modelo es sencillo y perverso:

1️⃣ Cobran por leer.

2️⃣ Cobran por corregir.

3️⃣ Cobran por maquetar.

4️⃣ Cobran por imprimir.

5️⃣ Cobran por distribuir.

6️⃣ Y encima te quedas sin derechos o con 1 euro por copia.

Un negocio redondo: pagas por trabajar y pagas por que te exploten. Es como el capitalismo, pero con tapadura y portada satinada.

Lo más insultante es el discurso que utilizan. “No somos una editorial de autopublicación”.

¡JA!

Claro que no. Sois algo peor: autopublicación con peaje obligatorio, como una autopista mala que encima está llena de baches. Porque en la autopublicación real tú decides, tú controlas, tú cobras. En estas pseudoeditoriales tú pones el dinero, ellas ponen su logo y luego tú vuelves a poner dinero para comprar tus propios libros.

¿Y lo del “comité lector”? Un comité que casualmente nunca rechaza a nadie con tarjeta activa. Qué misterio. Debe de ser el comité más sensible del mundo. Le gusta TODO. Siempre que venga acompañado del comprobante bancario.

Mientras tanto, los autores de verdad, los que se parten la espalda, investigan, editan, maquetan, diseñan y autopublican sus obras con dignidad, se encuentran con un mercado lleno de engaños, humo y promesas que solo benefician a quienes jamás han escrito una línea decente. Porque estas pseudoeditoriales no buscan escritores: buscan clientes.

¿Sabes quién arriesga en la autopublicación real?

TÚ.

¿Sabes quién cobra?

TÚ.

¿Sabes quién manda?

TÚ.

¿Sabes quién arriesga en estas editoriales carroñeras?

TÚ.

¿Sabes quién cobra?

ELLOS.

¿Sabes quién manda?

TODOS MENOS TÚ.

Que no te engañen: si una editorial cree en tu obra, invierte en ti. Si la primera inversión la tienes que poner tú, no creen en tu talento, creen en tu dinero.

Por eso seguiremos autopublicándonos. Porque al menos la estafa nos la hacemos nosotros mismos y con cariño. Y porque, siendo realistas, si alguna editorial quiere que dejemos la autopublicación, que venga con un maletín lleno de billetes encima de la mesa. Mientras tanto, que sigan mandando PDFs con tarifas.

Y la próxima vez que una pseudoeditorial te diga “tu manuscrito es muy prometedor”, recuerda: tu manuscrito lo lees tú… pero el numerito de la transferencia lo leen ellos mucho más rápido.

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