🧠 RRHH: el departamento que te despide con una sonrisa y un vale de descuento en mindfulness

Hay un momento en toda carrera profesional en el que descubres que Recursos Humanos no tiene nada que ver ni con los recursos ni con lo humano.

El nombre suena amable, casi protector, pero es pura ironía: un departamento creado para gestionar personas que, con los años, ha aprendido a hacerlo sin sentir absolutamente nada.

RRHH es el punto exacto donde la empatía va a morir.

Un ecosistema de correos automatizados, encuestas de clima laboral que nadie lee y procesos de selección en los que un algoritmo decide si mereces trabajar o no para una empresa que probablemente odies al mes siguiente.

Dicen que su misión es cuidar del empleado. En realidad, cuidan del expediente.

Suena mejor “optimizar el capital humano” que admitir que estás exprimiendo a la plantilla hasta que deje de servir. En su Excel, cada persona es una celda; cada despido, una línea más limpia; cada reemplazo, una fórmula que vuelve a cuadrar.

El Excel siente más que ellos.

Pero lo mejor de RRHH es su capacidad para vender crueldad con sonrisa de mindfulness.

Te despiden y, en el mismo correo, te recomiendan “mantener una actitud positiva ante los nuevos retos”. Te bajan el sueldo, pero te invitan a un taller de bienestar emocional con frases tipo “la gratitud es la llave del éxito”.

Y cuando alguien denuncia acoso o sobrecarga, activan el protocolo de escucha activa: una reunión con tres personas tomando notas y ninguna intención de solucionar nada.

Han conseguido que hasta el despido parezca una experiencia de usuario.

El correo llega con un asunto amable (“Actualización en tu relación laboral”), el despido se hace por videollamada, y al final te mandan un PDF con consejos para “seguir creciendo profesionalmente”. Lo único que crece es el cinismo.

RRHH se ha convertido en el brazo ejecutor de la cultura tóxica.

Son los guardianes del “ambiente positivo”, aunque eso signifique silenciar al que protesta. Los que hablan de “conciliar vida laboral y personal”, pero no mueven un dedo cuando te hacen trabajar hasta medianoche. Los que organizan “cafés con propósito” mientras redactan las próximas cartas de despido.

Y lo más inquietante es que muchos creen de verdad en lo que hacen.

Se convencen de que su papel es “acompañar procesos”, no ejecutar decisiones. Se refugian en la burocracia para no asumir responsabilidades. Porque cuando las órdenes vienen de arriba, siempre hay un “no depende de mí” listo para usar.

Recursos Humanos no gestiona personas: gestiona obediencia.

En su mundo no hay espacio para lo humano porque eso desestabiliza los indicadores. Empatizar baja la productividad, escuchar retrasa las métricas, y tener criterio complica los procedimientos. Así que lo resuelven todo con lo que mejor saben hacer: una plantilla de Word y una sonrisa institucional.

Y mientras tanto, el empleado sigue ahí, intentando entender cómo el área que debería defenderle es la primera en clavarle el cuchillo… eso sí, con una carta de agradecimiento por los servicios prestados.

Recursos Humanos: donde el Excel siente más que tú.

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